Novedades editoriales de marzo

Novedades literarias de marzo

«Me resisto a considerar el afán de leer una simple afición entre otras: es una pasión, aún más, una forma de vida». Fernando Savater

Los meteorólogos dicen que hoy comienza la primavera, por esta razón, en Avant Editorial tenemos un variado y nutrido número de libros, algunos publicados y otros en preventa, una nueva modalidad que intenta acercar aún más, si cabe, al lector para que puedan disfrutar de todas estas historias pensadas en cada uno de ustedes. En la editorial, seguimos trabajando con mucha ilusión para que todos estos títulos, formen parte de vuestra biblioteca.

Luces de Neón. Avant Editorial

Luces de neón, Mireia Corachán

Amor, sexo, magia y misterio se entrelazan de forma vertiginosa en este relato intimista y personal. Mireia Corachán logra con su prosa demostrar que la vida está hecha de breves momentos brillantes susceptibles de ser narrados.
Cotidianidad y literatura son un todo en este original libro de relatos que enganchará al lector desde su primera página. Luces de neón es un conjunto de relatos ingeniosos y muy entretenidos con intriga, cambios de ritmo, imprevistos, grandes dosis de ingenio, una imaginación desbordante y una fascinante mezcla de interés e indagación.

 

El caso: El crimen de Alcàsser, Sergio Mira

Ese corpulento hombre, grueso incluso, se parece poco al enclenque muchacho de veintitrés años, de pelo rubio ceniza y pómulos marcados, que abrió telediarios allá por los 90. Se esconde bajo una capucha negra que le impide caminar tres pasos seguidos sin tener que pararse y volver a retomar la marcha. Se parece poco; pero es el mismo, sin duda.
La última imagen que todos tenemos de Miguel Ricart Tárrega nos retrotrae al juicio por el secuestro, tortura, violación y asesinato de Miriam, Toñi y Desirée, las tres niñas de Alcàsser. Entonces, sus camisas amplias, livianas, de dudoso estilo aunque a la moda de aquella época; el pelo cortado a cepillo y, sobre todo, esa mirada y esa carita de no haber roto nunca un plato ya habían recorrido periódicos, noticiarios y platós de programas de debates durante años. Y se quedaron grabadas a fuego lento en la retina de un país que lloraba de rabia e impotencia cada vez que se paraba a imaginar lo que tuvieron que sufrir esas tres muchachas que tenían entre catorce y quince años.

EL CASO El crimen de Carmen Broto

El caso: El crimen de Carmen Broto, Ana Rodríguez

El sonido de unos tiros rompe el silencio de la noche. A continuación, el chirriar de los neumáticos de un vehículo que se aleja a toda prisa. Los vigilantes del barrio corren tras él y lo encuentran unas calles más abajo. Está abandonado. Las ventanas, rotas, y el interior, lleno de sangre. Sin ninguna duda, saben que ése ha sido el escenario de un espantoso crimen.
Podría ser el Chicago de los años veinte, pero no. Se trata de la Barcelona de finales de los años cuarenta. Concretamente, la madrugada del 11 de enero de 1949. Y los tiros no eran más que el petardeo del coche en plena huída, una de las muchas pistas que unos criminales de pacotilla dejaron tras de sí.
Carmen Broto era una prostituta de lujo, una mantenida. Es difícil ponerle una etiqueta concreta y fiable cuando las pruebas y las versiones de sus coetáneos apuntan en diferentes direcciones. Y es que su asesinato generó muchas hipótesis que aún hoy en día siguen apareciendo y evolucionando. Solo los protagonistas de la historia saben la verdad de lo que pasó la madrugada del 10 al 11 de enero de 1949 en las calles de la Ciudad Condal. Eso no ha impedido, sin embargo, que la imaginación popular haya volado de tal manera que ha encumbrado a la víctima, Carmen Broto, al estatus de mito, de leyenda urbana. Su historia nos trae a la mente la imagen de una Cenicienta sin happy end y con un príncipe que le salió rana y la traicionó hasta el punto de asesinarla.

El caso: El estripador de Avilés, Daniel P. Espinosa

En la España de principios del siglo XX existían los denominados sacamantecas. Llámeselos vampiros, si se quiere, aunque ni poseían glamour ni generaban éxtasis románticos. Eran rudos, necesitados, supersticiosos o desequilibrados. O todo a la vez. Robaban niños para quitarles la sangre y las vísceras, y lo hacían con unos fines que eran desde luego tenebrosos, pero también, como veremos, más extendidos en aquella sociedad desigual y crédula de lo que nuestras mentalidades actuales podrían creer. Quien haya oído hablar del hombre del saco ya sabe a qué nos referimos. O de la vampira de Barcelona. O del tío mantequero de Málaga. Sus menciones se usaban para infundir miedo en los niños, y aún se usan, pero antaño eran demasiado reales como para que los adultos no anduvieran por las calles con cien ojos, atentos a sus vástagos. El que pensara en esos momentos que se trataba solo de cuentos de viejas, tal vez lo lamentase…
Uno de estos sacamantecas fue el conocido como “el Estripador de Avilés”. Aún hoy en esas tierras se menta su apodo, a pesar de que haya pasado tanto tiempo que dentro de muy poco se cumplirán cien años del crimen que lo lanzó a los periódicos de todo el país. Como los otros casos de sacamantecas, tienen a su alrededor una atmósfera plagada de superstición. Este en particular, además, tiene otra peculiaridad, y es que junta brujería con técnicas de investigación policial sorprendentes para la época. Unas que serían dignas de un equipo de CSI tal y como lo conocemos actualmente. ¿Qué es lo que mereció tanto interés por tanto de las autoridades?

El caso: Los marqueses de Urquijo, Juan Rada

El crimen más mediático y controvertido desde la llegada de la democracia. Los marqueses de Urquijo fueron asesinados a tiros mientras dormían. Han transcurrido más de siete lustros, pero se sigue ignorando cuántos y por qué intervinieron en el asalto.
Un extraño proceso judicial en el que fueron desapareciendo todas las pruebas: declaraciones firmadas, la pistola, los casquillos… Hubo un solo condenado que murió «suicidado» en prisión y un fugitivo al que no se quiso localizar.
Una tragedia en la que no ha existido voluntad por desentrañarla. Dotada de todos los ingredientes de un buen thriller: nobleza, banca, política, Iglesia, intrigas, amantes, despechos y mucho dinero.

El Caso El JaraboEl caso: El jarabo, Rodrigo Castillo

Jarabo era la oveja negra de una distinguida y acaudalada familia cuya vida errática y disoluta lo llevó por la senda del crimen: su abuelo había sido miembro del tribunal supremo, mientras que él acabaría siendo condenado a muerte por ese mismo tribunal tras protagonizar el juicio más célebre y publicitado del franquismo.
Adicto al alcohol y a las drogas, aficionado a las armas y mujeriego empedernido, Jarabo se educó en su Madrid natal, donde pasó la guerra civil, para luego darse a una vida de excesos en Puerto Rico que lo llevó a prisión en Estados Unidos.
En 1950 regresó a Madrid, donde ocho años más tarde cometería uno de los crímenes más sonados de la España negra.

El caso: El lobo feroz, Rodrigo Castillo

—Chicas, ahí viene el Lobo Feroz.
Esta frase se pudo oír en Madrid durante muchos años, aunque bien poco tenía que ver con el conocido cuento infantil. La escena, de hecho, estaba muy lejos de ser bucólica o idílica: las chicas no eran caperucitas rojas ni llevaban una cesta a casa de sus abuelitas. Se trataba de meretrices que ejercían el oficio más viejo del mundo en las calles del casco antiguo de Madrid. Corrían los aciagos años de la larguísima posguerra española y la prostitución, a pesar de estar prohibida, se ejercía con cierta discreción, siendo perseguida, en compensación, con cierta moderación, por no decir con absoluta laxitud.
Dada la terrible situación económica, rayana muchas veces en la miseria e incluso en el puro hambre, la prostitución era, a todas luces, un mal necesario y, en todo caso, algo de todo punto inevitable. Las mujeres de la vida, como se las solía llamar en aquel entonces, ejercían, fundamentalmente, en casas de tolerancia, como se denominaba finamente a los burdeles, aunque, naturalmente, también trabajaban en ciertos locales nocturnos, hacían servicios a domicilio y, con cierto disimulo, captaban clientes haciendo la calle.
La policía, por lo general, hacía la vista gorda, naturalmente a cambio de ciertos beneficios. Se trataba de un interminable tira y afloja, la ardua lucha contra la prostitución, en la que destacó, en el Madrid de los años 50 y 60, el subcomisario Cándido Morales, más conocido entre las prostitutas con el apelativo, más cariñoso que otra cosa, de El Lobo Feroz.
Su coto de caza era el popular barrio de La Latina, del que conocía al dedillo cada calle, cada esquina, cada inmueble, cada tugurio, y, casi con pelos y señales, por así decirlo, a todas y cada una de las muchas mujeres que ejercían en su territorio.

El museo de la estafa, Diego Pérez

Resulta muy curioso observar cómo la sociedad, por mucho que creamos avanzada, continúa cayendo, generación tras generación, en los mismos o parecidos engaños una y otra vez. Avancemos un poco más en el tiempo, hasta principios de los años veinte, para encontrarnos con un tipo que creó escuela. Les contaré alguna de las andanzas de Mario Pickman, Antonio Llusiá Buset, José Portolés, Tomás Portolés, Rafael Villamil, José María Pina, Alfonso de Borbón… No teman, no pretendo hacer ninguna soflama republicana, ni un repaso del censo de aquella época; sólo pretendo revisar la sorprendente y acomodada vida que consiguió llevar un tipo que, para conseguirlo, no dudó en adoptar como propio cualquiera de los nombres antes indicados y otros muchos que sería tedioso enumerar.
Corrían los primeros años del siglo XX cuando Antonio Llusiá comenzó a querer zafarse del destino que la vida le tenía preparado. Nació en Capellades, un pequeño pueblo del interior de la provincia de Barcelona, en torno al año 1885 (este dato no es muy fiable, pues los registros de entonces tampoco lo eran); enseguida, descubrió que aquella vida de sacrificio que imponía su entorno rural no era para él y a los 19 años emigró a Cuba. En La Habana encontró acomodo en compañía de un tío suyo establecido desde hacía varios años allí; pero la vida del emigrante nunca es fácil y tampoco colmó las expectativas de un Llusiá inquieto. No tardó mucho en regresar a Barcelona y emprender una vida que colmara sus ansias de aventura de un modo menos sacrificado. En 1911, apenas cumplidos los 25 años, es cuando se tiene la primera noticia de lo que sería una prolífica vida profesional basada en la estafa, el engaño y el robo. Un comerciante de Barcelona le denunció por cometer contra él una estafa de más de 11.000 pesetas que, en aquellos primeros años del siglo XX, se podía considerar como una pequeña fortuna. Llusiá la invirtió bien, viajó por numerosos.

El caso: La mano cortada, Juan Rada

—Oiga… ¿Es El Caso?
—Sí, está hablando con la redacción del semanario.
—Les llamo para informarles de que mi madre ha mutilado el cuerpo de mi hermana.
El periodista, sorprendido, se quedó silencioso por unos segundos. Se apretó el auricular a la oreja. Cogió un bolígrafo y se dispuso a tomar notas en una cuartilla.
—¡Qué me dice! ¿Con quién estoy hablando?
—Soy Luis Shelly, hijo de la marquesa de Villasante. Falleció hace unos días y hemos descubierto escondidos un cuchillo afilado y una tabla de partir carne. Habida cuenta de que mi madre se encerró en su habitación con el cadáver durante un par de días y no dejó que nadie lo viera…
—Pero… ¿está seguro de lo que dice?
—La vigilábamos porque nos temíamos lo peor. No pudimos acercarnos hasta después de que la introdujera en el féretro para trasladarla al cementerio. No permitió que nadie levantara la tapa. La criada nos ha dicho que le cortó partes del cuerpo.
—¿Y no han podido aclarar nada al respecto?
—Acabo de comunicar al juzgado de guardia mis sospechas. Pero, dada la influencia que mamá tiene en las altas esferas, les aviso también a ustedes…
Pese a estar acostumbrados a todo tipo de sucesos, la noticia impactó de lleno al reportero. Corrió por el pasillo hacia el despacho del director, Eugenio Suárez, para explicarle lo que sucedía. Éste, conocedor de la relevante personalidad de la aristócrata, le indicó que marchara disparado, junto con un fotógrafo, para cubrir dicha información.
—Y, como siempre, no volváis sin buenas instantáneas —dijo a modo de despedida.
Cuando la pareja de informadores avistó la casa, sita en la madrileña calle de la Princesa, 72, los lanza destellos azules de un par de vehículos, estacionados junto a la acera, giraban incesantes. Una vez en el portal un policía les impidió el paso. El juez de Instrucción del nº 14 había dictado un mandamiento de registro.
Se acreditaron y fue avisado el inspector jefe Sebastián Fernández Rivas, que estaba acompañado de varios agentes de la BIC (Brigada de Investigación Criminal). De inmediato se les autorizó el acceso.
Subieron al tercer piso. La residencia de la noble ocupaba dos viviendas. En una de las puertas había una placa: “Margarita Ruiz de Lihory. Abogado”.
Tuvieron suerte de que el responsable policial fuera colaborador de El Caso, donde firmaba con el acrónimo Seferi. Era buen amigo del director de la publicación.

El caso: Rocío Wanninkhof, Ezequiel Teodoro

Es sábado. El último loco repartidor corre hacia la puerta. Le esperan sus amigos en el pub para jugar unas partidas de dardos y beber tres o cuatro pintas de cerveza. Saluda a la española con un gesto. Hace meses que trabaja en la empresa de transporte pero no se han dirigido más de cinco palabras seguidas. Al repartidor le resulta huraña y poco social, siempre tan seria y mirando como si no viera. Alguien dijo una vez que había huido de su país por problemas con la justicia, pero él no lo cree. No tiene esa pinta. Al salir a la calle ya se ha olvidado de ella.
Dolores anota los últimos cambios en el horario de los repartidores y cierra la carpeta. Comprueba el reloj: las seis en punto, y reclina la espalda sobre el asiento. Está cansada, eternamente cansada. Tal vez cansada desde hace años. Hoy además es un mal día. Es nueve de octubre. Suspira bajo el peso de la memoria con la única compañía de su bolso, al que se aferra como a un talismán. Dentro esconde una pequeña libreta con pastas rosas, muy gastadas de abrirlas una y otra vez para recordar quién fue un día, no quién dijeron que era. En ocasiones aún tiene que recordárselo a sí misma. Y hoy es uno de esos días. La abre y comienza a leer la dedicatoria, pero a medio camino cierra los ojos y continúa de memoria: «Eres una chica tan guapa, tan simpática, tan amable, tan bella, y tan gordita. Que te he regalado esta libretita. Así te quiero tanto como este corazón y si no te quisiera se rompería como este».
Después, como si de un ritual se tratara, añade «Para Loli de Rocío» y derrama una lágrima, pesada, como si arrastrase el cuerpo de muchas otras lágrimas en su interior, y tan lenta que da la impresión de que jamás desaparecerá de la mejilla.

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Metamorfosis, Alexio Galdeano Bernardo

«Nunca una caída, siempre una lección».

Infancia y adolescencia complicadas por no encajar en los estereotipos, pero con el tiempo aprende a encontrarse a sí mismo para ser quién quiere ser.
Aunque se topa con dificultades, incomprensión, dudas y miedos, gracias a sus amistades y su familia se construye el camino hacia su propia felicidad.
Aquí encontrarás el proceso desde la incomprensión de un adolescente hasta llegar a ser quién siempre soñó.
Amores, desamores, soledad, miedo, lecciones, lucha, son algunos de los temas que te harán sumergirte en su realidad.

 

Doblo tu apuesta, A. Reedboots
Edición digital

Un copiloto canalla. Un comandante encantador. Entre ambos, una mujer fuerte e independiente llena de dudas. Una lucha entre los sentimientos y la sensatez. Todo ello envuelto en un halo de sensualidad y deseo. Las pasiones de los tres mezcladas en una lucha que no parece resolverse. ¿Conseguirá Jimena decidirse entre Iberia y Roberto?

 

LO QUE DEBES SABER SOBRE EL AMOR WEB-min

Lo que debes saber sobre el amor, Edgar Alfonso Acuña Bermúdez

Resulta vital en toda relación de pareja el conocimiento integral mutuo, por lo cual el proceso de crecimiento además de la efectiva funcionalidad debe ser conjunta, tanto la mujer y el hombre necesitan conocer sus fortalezas y debilidades, ya que la comunicación en la convivencia exigen la aceptación de ambas partes; es por ello que con este libro se busca que sus lectores establezcan la diferenciación clara entre lo que significa gustar, querer, desear y amar, que son momentos diferentes en una relación, se abordan explicaciones fundamentales así como prácticas desde la psicología aplicada.
La pasión: donde hay un deseo de estar con la otra persona a nivel sexual, hay atracción y deseo, la responsabilidad y el compromiso de ambas partes, con propósito de establecer un funcionamiento más sólido que facilite tanto a la mujer y al hombre concienciar como enfrentar con comprensión una vida sana de pareja.

Un corazón que engloba las raíces y la superficie WEB-min (1)

 

Un corazón que engloba las raíces y la superficie, Laia Prieto Fau, Hilario Carrobles Peral y Antonio Vidal

Nos conocimos en un mal momento, un momento que dio lugar a conversaciones y reflexiones, que finalmente nos llevaron a este libro. Reflexiones sobre la forma de vivir y cómo tratamos de entender la vida. Poemas románticos, que te trasladan a instantes de emoción y sentimientos.
El libro está dotado de amor y sensibilidad, y te llevará a tener una gran experiencia valorando los pequeños detalles.
Con esta obra, tratamos de inspirar al lector para que abra la mente a diversas opiniones, siempre y cuando no pierda la suya propia. Sabemos que aprender a pensar y cuestionar es crucial para la vida…
Observamos diversos aspectos de la vida y le damos la vuelta, la miramos con otros ojos tratándola en profundidad. Lo que pretendemos es hacerte sentir un ser que vuela con la imaginación y que va por buen camino hacia la comprensión, que se da cuenta de que leer es algo mágico, tan mágico como tú, querido lector.

Intercourse, Ignacio Amigó

En los Estados Unidos, dentro del estado de Pensilvania, y a su vez dentro del condado de Lancaster, conocido como el condado Amish, se ubica la pequeña y pacífica localidad de Intercourse. En este idílico enclave, dos amantes furtivos deciden pasar un fin de semana encerrados en una habitación de hotel.
Rodeados por un paraje dominado por granjas y cultivos, por largas carreteras transitadas por camionetas y carretas, ambos darán rienda suelta a su pasión. Mientras la vida sencilla de los Amish sigue su curso inalterablemente, dentro de la habitación los dos amantes consumarán todos sus deseos, absolutamente ajenos a la trampa en la que acaban de caer…

 

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