El narrador, o desde quien escribo

Escribir es tomar decisiones.

Empezamos con nuestro primer recurso gratis para escritores. Lo primero que debemos hacer a la hora de escribir es decidir desde dónde lo hacemos. No es lo mismo escribir en primera persona que en tercera persona, no es lo mismo elegir a un protagonista que a un secundario, no es igual situarte fuera de la historia que dentro…. Y todo esto tiene mucho que ver con el desarrollo de la misma. Sherlock Holmes nunca hubiera sido igual si en lugar de contárnoslo Watson, nos lo hubiera explicado el propio Holmes o un narrador externo, Lo primero es decidir si el narrador estará presente o ausente. En el primer caso será un narrador interno (primera persona) y en el segundo un narrador externo (tercera persona).

Es muy importante saber que cada tipo de narrador tiene unos límites que no debe traspasar, pues entonces la historia no será creíble. Un narrador interno no podría decir: 

«Mi vecino pensaba en chocolate mientras tendía la ropa».

No tendría sentido que el narrador, que es un personaje, supiera lo que estaba pensando el vecino. 

Vamos a clasificarlos: empezamos con los externos

  • Narrador Dios: Sabe todo y está en todas partes y en todos los tiempos. Es un narrador que no tiene limitación alguna.
  • Narrador casi Dios: Sabe todo lo que hay a su alrededor, en el mundo exterior, y también conoce el interior de uno o varios personajes.
  • Narrador cámara: Sólo te puede hablar del exterior. No tiene acceso a los pensamientos ni sentimientos de los personajes, únicamente te puede describir lo que se visualiza o se oye.

En el caso de los internos, sería:

  • Narrador prota: Es como un personaje más. No podría contarnos cosas que no haya visto o no le hayan dicho previamente. 
  • Narrador testigo: Es igual, pero lo cuenta en tercera persona. Cuenta la historia de otro u otros. Pero no sabe más que lo que le hayan dicho.

En Avant Editorial puedes encontrar varios de estos ejemplos en libros como: El trauma de los langostinos tuertos, Lo que yo viví, o Bajo la lluvia

Frecuentemente nos encontramos con el narrador prota o con el narrador Dios. ¿Por qué? Porque en el primero el autor habla desde sí mismo, y es un lenguaje muy natural (todos hemos aprendido hablar desde el yo), y en el segundo jugamos a manejar el mundo, como si de pequeños juguetes se tratara. Somos dioses.

«Te imaginas un mundo donde lo que te propones se pudiera conseguir. Un mundo donde no te tuvieras que quedar con ganas de cumplir tus sueños. Yo creo que existe».

Este es un fragmento de Bajo la lluvia, de nuestro autor Miguel Angel Cabrera. El narrador nos habla de sí mismo y nos habla a nosotros como lectores y además se permite ser inseguro: Yo creo. Este narrador interno aporta cercanía al lector, es como si hablase contigo un amigo.

Contrasta con este otro texto:

«En un punto de la ribera del Guadalquivir a la altura del barrio de San Lorenzo, frente a un remanso de aguas tranquilas que el cauce del río había querido allí formar y que los vecinos del lugar conocían  como La Barqueta, un joven de ojos grandes y oscuros soñaba despierto con llegar a ser un poeta admirado».

Este fragmento del relato El sueño de Bécquer, de ¿Por qué escriben los poetas?, de nuestro autor Augusto Serrano, nos muestra una panorámica general que nos va llevando hasta el protagonista con suma suavidad y belleza. Es un Dios que ve el entorno y también los sueños del personaje.

¿Qué diferencia al primero del segundo?

En el segundo caso, nuestro narrador no tiene limitación alguna, como hemos dicho. Conoce lo que ha ocurrido, lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir. Eso aporta muchísima información al lector. Y permite aportar una visión global de la historia que se está contando en la obra, pero se aleja del lector. No aporta cercanía. 

En el primero, sin embargo, el narrador es mucho más cercano. Nos permite mostrar la parte más humana del personaje, pues posibilita el contar al lector sus propios pensamientos. Es como introducirse dentro de la mente del personaje. Y esto crea la sensación de veracidad, de verdad contada. Pero, cuidado, sólo podrá explicarnos lo que él conozca, en determinados géneros es arriesgado usar al protagonista como narrador, como en el caso de la novela negra, pues ya sabemos que el protagonista sobrevive. Y es importante que el registro de voz del narrador se adecúe al personaje, pues al fin y al cabo, es el propio personaje quien habla. Otro ejemplo:

«Cuando por fin pude verlo de cerca, me di cuenta de que se trataba de un hombre elegante, vestido con uno de esos trajes de alpaca gris que sólo los banqueros y los futbolistas pueden permitirse. Siempre en el caso, claro está, de que banqueros y futbolistas tengan buen gusto para la ropa, lo que no me consta en absoluto».

En este fragmento de Baja conmigo al infierno, de nuestro autor Antonio Civantos, encontramos a un narrador que aporta su propia visión de las cosas. El narrador personaje te permite inmiscuirte en la trama y opinar. Es cierto que el narrador Dios también puede opinar, pues no tiene límites, pero ese estilo de narrador poco objetivo se ha ido perdiendo con los años, quedando más en una figura que explica lo que ve, limitándose en algunos casos a aportar descripciones del entorno y a exponer pensamientos de los personajes, pero siempre desde fuera.

Espero que este primer recurso gratis para escritores os haya gustado.

Ezequiel Teodoro

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